Ghost encendió una misa épica en el Palacio de los Deportes: Sin celulares, solo música y conexión total

Tobias Forge y compañia regresaron después de 2 años a la Ciudad de México con una travesía por demás caótica

Texto de eduardo fierro y fotos cortesía de ocesa

La Ciudad de México fue testigo de una noche inolvidable el pasado 24 de septiembre, cuando Ghost transformó el Palacio de los Deportes en un auténtico templo sonoro. La expectativa era enorme: no solo por la fuerza de su espectáculo, sino por la incertidumbre que rodeaba la salud de Tobias Forge, líder y mente creativa detrás de la banda sueca, un día antes había tenido que cancelar una de sus presentaciones en el país. Sin embargo, contra todo pronóstico, Forge y sus Nameless Ghouls ofrecieron un ritual de casi dos horas que dejó marcado a fuego a cada uno de los 17,500 asistentes.

Una experiencia sin celulares: regreso a los 80’s y 90’s

Desde la entrada al recinto, el público entendió que lo de Ghost no sería un concierto común. Al acceder, el staff entregaba bolsas selladas para guardar los celulares, prohibiendo el uso de dispositivos durante toda la presentación. Un detalle que en cualquier otro show podría parecer restrictivo, aquí se convirtió en el ingrediente perfecto para la comunión total entre banda y público.
De pronto, la “Cúpula de Cobre” volvió a recordar los tiempos de los 80’s y 90’s, cuando no existían pantallas brillantes ni transmisiones en vivo, solo la música, el sudor y las gargantas desgarrándose al cantar. La energía fue brutal: 17,500 almas volcadas por completo en el espectáculo, saltando, coreando y viviendo cada acorde sin distracciones.


El inicio de la misa: 9:00 pm en punto

La puntualidad fue otro detalle memorable. Exactamente a las 9:00 pm, las luces se apagaron y la atmósfera se tornó solemne. El rugido del público fue ensordecedor mientras Papa V Perpertua emergía en escena para dar inicio a una misa oscura y electrizante. La conexión fue inmediata, como si el recinto entero se hubiera convertido en una catedral del rock.

Tobias Forge y la “Maldición de Moctezuma”

Uno de los momentos más comentados de la noche llegó cuando Tobias Forge, entre canciones, se dirigió al público mexicano para hablar sobre el episodio que lo obligó a cancelar una fecha anterior. Con humor y sinceridad, confesó que había conocido en carne propia la “Maldición de Moctezuma”, ese malestar estomacal que suele atacar a los visitantes extranjeros.

“Jamás voy a olvidar la Maldición de Moctezuma”, dijo con una sonrisa, agregando que ese detalle lo hará tener aún más presente a México en su memoria. La respuesta del público fue una ovación que sacudió el domo metálico, reafirmando la complicidad entre artista y fanáticos.

Un setlist demoledor y lleno de contrastes

Ghost desplegó un repertorio sólido que abarcó tanto clásicos como temas recientes, confirmando por qué su propuesta sigue en ascenso global. La misa arrancó con “Peacefield” y “Lachryma”, sumergiendo a los asistentes en una atmósfera casi litúrgica, para luego estallar con “Spirit” y “Pinnacle to the Pit”, dos de los favoritos de los seguidores más fieles.

La teatralidad nunca faltó: cambios de escenografía, variaciones visuales y los ya característicos cambios de vestuario de Forge, quien alternó entre la imponente sotana papal y trajes más ligeros que realzaban su figura como showman.

Entre los momentos más intensos, “Cirice” estremeció con su dramatismo, mientras que “Year Zero” y “He Is” demostraron la capacidad del grupo para balancear oscuridad y emotividad. La recta final fue un torbellino de energía con “Rats”, “Mummy Dust”, la siempre hipnótica “Mary On A Cross” y la desbordante “Dance Macabre”, antes de cerrar con la imbatible “Square Hammer”, que retumbó como el verdadero himno de la noche.


Luces, visuales y atmósfera digna de Papa V perpetua

El despliegue técnico fue un capítulo aparte. Un juego de luces milimétricamente sincronizado con cada riff y cada coro, pantallas que proyectaban imágenes inquietantes y una escenografía que parecía sacada de un ritual gótico: todo estuvo diseñado para potenciar el carácter teatral de la misa negra de Ghost.

La armonía entre la música y lo visual no solo fue un deleite para los sentidos, sino un recordatorio de por qué la banda sueca es considerada hoy uno de los espectáculos más completos de la escena internacional. El Palacio de los Deportes se convirtió en un templo efímero donde la fe era reemplazada por riffs pesados y coros melódicos.


México y Ghost: una conexión indestructible

Lo de anoche no fue un simple concierto, fue un pacto silencioso entre banda y fans. La entrega del público mexicano volvió a brillar, y Forge lo reconoció en varias ocasiones, agradeciendo con gestos y palabras el fervor de quienes no dejaron de cantar un solo segundo.
El hecho de estar sin celulares no solo intensificó la conexión, también permitió ver con claridad la pasión colectiva: miles de brazos alzados, saltos sincronizados y rostros iluminados únicamente por las luces del escenario.

Un cierre memorable

Cuando el último acorde de “Square Hammer” retumbó en la cúpula, quedó claro que lo vivido en el Palacio de los Deportes será recordado como un episodio épico en la historia de los conciertos en México. No fue solo la impecable ejecución musical, ni la producción deslumbrante, ni el carisma de Tobias Forge; fue el todo, la suma de elementos que se entrelazaron para regalar una experiencia irrepetible.

Ghost logró lo que pocos: transportarnos a otra época, devolvernos la esencia pura de la música en vivo, donde lo único que importa es estar presente, cantar, gritar y vibrar al unísono.

La misa terminó, pero la energía quedó flotando en el aire, impregnada en cada uno de los 17,500 asistentes que salieron con la certeza de haber presenciado un concierto histórico. En la Ciudad de México, Ghost reafirmó que su reinado no solo es musical, sino espiritual: Papa V Perpetua y sus ghouls dejaron claro que el culto apenas comienza.

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